A ll p a   S i j ll a. ( Tierra Bonita )

miércoles, octubre 08, 2008

A pie por los páramos Ecuatorianos.
El páramo ecuatoriano, por su situación geográfica y naturaleza, es un ecosistema agreste, su clima tiene fluctuaciones imprevistas que van del calor desmedido al frío glaciar, igual de versátil como su vegetación y su gente, recorrerlo es por tanto, una experiencia que eriza y agudiza los sentidos, pues de pronto sin previo aviso la neblina te envuelve o la lluvia no cesa o esta tan despejado que puedes contemplar todo el callejón interandino o hacia arriba el manto estelar con esa hipnótica luna ecuatorial.
Los dorados racimos de pajonal, al vaivén del viento, parecen llamarte a divisar, bajo la sombra de paredes rocosas y siluetas de montañas, aquel lienzo tridimensional de campos cultivados, riachuelos, incontables lagunas, cascadas, flora en distintas formas y colores (frailejones, chuquiraguas, polylepis, almohadillas, achupallas etc.) incluso si viajas con suerte, su generosa fauna circundante: Cóndores, curiquingues, osos de anteojos, conejos, venados, zorros, lobos, gaviotas de páramo y más, todo en su estado natural, figuras que de por sí han sido emblemáticas en nuestra historia.
Rutas tienes por doquier, por algo el ingenio preincaico a dejado su vestigio en estas alturas que oscilan entre los 3400 y tan alto como las nieves perpetuas se lo permitan; es aquí por donde los chasquis de antaño circundaban llevando las buenas nuevas al reino y fácil resulta encontrar sus huellas (Ingapirca, camino del Inca: Qhapac Ñan, pachitas, Rumicucho, Cochasquí de entre muchas) sin embargo por cuestiones de cuidado y protección del medio ambiente, las áreas protegidas son el sitio óptimo y contamos, en nuestro país, con buen número de ellas (Angel, Cotacachi - Cayapas, Cayambe - Coca, Pasochoa, Cotopaxi, Illinizas, Sangay, Llanganates, Chimborazo, Cajas solo por nombrar algunos), donde la infraestructura ecológica permite una experiencia de comunión con el entorno, además de una sobria descripción del sector y su tradición, cada uno cuenta con atractivos únicos que te dan la bienvenida a cada paso con módicos precios.
Sencillo recorrerlo, en apariencia, para el páramo es mejor prepararse contra lo inesperado por ello instrumentos de navegación (GPS, altímetro, brújula, mapa) o un buen guía es necesario, al igual que la indumentaria que contrarreste sus eventuales condiciones extremas (impermeable, gorros, zapatos apropiados etc.) así como equipo para llegar a sitios de difícil acceso (cuerdas, mosquetones, arnés y demás), viajar en grupos es siempre la mejor opción. A pie se llega a lugares increíbles, quizá por esto deportes de este tipo captan más adeptos a diario, el “Trekking” (vocablo holandés proveniente de trek = migración que asocia la actividad de caminar a la de viajar) es un claro ejemplo donde atraviesas, por senderos o sin ellos, entre rincones de indiscutible belleza. De cualquier forma tú seguridad unida al respeto a la PachaMama y su amable gente es predominante, pues muchas son las historias de personas que con exceso de confianza han transformado, la ocasión, en una trágica aventura; Por esto no esta demás equipo del tipo: Botiquín de primeros auxilios, linterna, comida, agua, bastante dulce y una cámara de fotos para captar las sensaciones - emociones que afloran a cada paso. Luego, avanzas y la ruta te muestra sus desafíos, tus sentidos se ponen dispuestos porque a ratos escalas singulares paredes de roca, atraviesas barrancos, ríos un poco fríos, provenientes sin duda, de los deshielos de los nevados, realizas rappel (descenso en cuerda) por cañones, burlas alambradas de púas, corres para no lidiar con los toros de lidia que se suele encontrar, haces amigos de otras latitudes (a punte de conocimientos básicos en ingles, alemán, francés o señas), amigos que probablemente han viajado varios cientos de millas para llegar a esa región o simplemente caminas en silencio, mientras los animales de la zona te observan con esa similar mezcla de temor y curiosidad que tú a ellos.
Entonces el esf
uerzo vale la pena, porque toda la geografía que te habían contado en la escuela, está ante tus ojos y resulta grato reaprenderla, por cierto, mucho más provechosa e interesante en la práctica. Cuatro horas promedio en la indiscutible fila india (para cuidar mejor el entorno) y llegas a sus linderos; donde recobra sentido el hambre la sed, la camaradería, el calor, una mano de ayuda, en fin: las cosas sencillas, ya que, en la montaña, como se dice: “todos hacemos fuerza por todos”, resulta entonces, elemental el hablar de vida con tantos ejemplos rodeándote. Creeme cuando te digo que vas a querer volver.
Tu vi
sita, sin embargo, debe ser beneficiosa para todos, la naturaleza te muestra su dulzura esperando que la respetes. Especial atención merece entonces la basura que llevas, el plástico (tarda 500 años en destruirse), las botellas de cristal (rotas se convierten en poderosas lupas causantes de incendios), las tapas de plástico o metal, las envolturas de tus alimentos y tantos ejemplos que en contraposición con los beneficios que aportan para la vida en la ciudad, por allá son un problema ambiental, que de poco en poco transforma el paisaje. No olvides que si tienes oportunidad y te las encuentras en esos caminos, todos, incluyéndote, agradeceríamos mucho el que las bajes a un basurero cercano.
De nosotros dependerá la experiencia por los páramos, del cuidado y el aprecio que le demos a nuestras raíces no por algo se dice que: “es necesario saber de donde se viene para saber a donde se va”.
WvLn.

lunes, abril 07, 2008

"Mercaderes" Estreno Jueves 17 de abril del 2008

Bajo la dirección de Aristides Vargas llega a Quito “Mercaderes” una adaptación de la clásica obra de William Shakeaspeare “El Mercader de Venecia”.
De ahí estará en temporada del 18 de Abril al 11 de mayo.

Más información click aqui.

sábado, noviembre 24, 2007

Lagunas Míticas Cuicocha - Mojanda
La propuesta esa tarde era por la caída del sol sobre la mítica Cuicocha.
El tiempo y el tráfico nos jugó en contra por lo que optamos por la caminata nocturna junto al borde de la laguna, bueno más exactamente por el filo del cráter. Igual de espectacular pues la luna llena alumbraba sutilmente el sendero. Allá atrás, muy atrás, quedaba el ruido citadino y las luces extenuantes de la ciudad. Sobriamente nos conducíamos con linternas y de a fila india para llegar al sitio propuesto para acampar. La pendiente fácilmente fue superada con todo y la neblina que se arrejuntaba por doquier. Caminar en la noche, es una aventura diferente donde todo llega a sorprenderte e incluso a intimidarte. El automotor, que se había adelantado, esperaba con el equipo de acampada. Le dimos alcance en el punto acordado y de ahí avanzamos un tramo corto para armar el campamento. En poco tiempo y sin importar la noche, nuestro refugio lucía propicio para acogernos. Entonces el hambre más el frío que inquietaban, pero claro que una fogata fue construida la cual junto a la comida compartida daban ese calorcito necesario. Incluso el baile aparecía al son de tonos de celular y la luna llena que modestamente se dejaba ver. La noche pasó entonces de a poquito, pero que larga se hizo por los extraños sonidos o la lluvia o las conversaciones, que el frío daba pie, de cualquier forma algunos si dormían porque se los escuchaba claramente. En la mañana, más dispuestos, calentamos el desayuno desarmamos el campamento y continuamos el sendero. Poco a poco la laguna se despejaba para mostrar su belleza natural, como no imaginar que es mágica y que si le lanzas una moneda con mucha fe se te hace el milagrito. Que ganas de algún rato acampar en esos islotes, lástima que la misma mano del hombre haya provocado su prohibición. Continuando el sendero encontramos otros aventureros que iban en sentido contrario, llegamos al camino principal con cientos de fotos en nuestra retina, no estuvo fuerte la caminata se escuchaba. Nuevamente el bus y de ahí rumbo a Otavalo. Parqueamos junto a la feria artesanal y a almorzar se ha dicho. Algunos le hicieron el gasto a los artesanos pero en poco tiempo retornamos al automotor pues la mítica y princesa Mojanda nos esperaba. El camino para el bus era corto y el paisaje “mucho bueno” como diría un amigo, llegamos a la laguna grande de Mojanda, para nosotros han pasado dos años desde la última vez que anduvimos por aquí que fue donde empezó todo, inolvidable el volver. Bueno prosiguiendo, el camino ahora era para echarle una mirada a la Yanacocha (Laguna negra). Es cerca les decimos, todos nos enrumbamos por los pajonales a la vista de un par de pescadores y rodeando las orillas de la Caricucha (Laguna grande) que nos muestra sus azules colores, como mostrando que juega con los rayos de sol. En poco tiempo llegamos y luce estupenda desde donde la apreciamos, para nosotros el premio es ese colchoncito de paja en el que nos acomodamos para descansar e integrarnos con el entorno. Ahora si sólo queda regresar al transporte y la caminata esta concluida, de ahí es cuestión de par de horas y en Quito. Siniguales espejos de agua hemos contemplados en esta travesía, el lugar increíble en toda su extensión, buen pretexto para sentir la magia que brinda y el cuidado que necesita nuestra pachamama.

sábado, septiembre 29, 2007

Caminando por el Pasochoa . . .
13 sentidos de a 5 por cabeza se reunieron esa mañana un tanto audaz y casi octubrina. Ni que decir del locomotor que ahora daba pie de extensa comodidad a los suscritos. En la autopista ya el reencuentro con la serena calma de lo entretejido en otros sitios junto a los sabores acontecidos daban una idea de lo que estaba por venir. Entonces como no contar cada experiencia y el multidiverso punto de vista que éramos en aquel transporte escolar que subía y trepaba por un empedrado cerca de la reserva del Pasochoa. Y cada quien su historia, mientras el té de coca era servido so paciencia de lo caliente y variable del camino, ¿preparación?, ¡Sí! eso era, la altura sería solventada con cucayo ancestral y caliente. Para no tener problemas coyunturales nada como un calentamiento, mismo que logra esbozar cómplices sonrisas. Junto al sitio de frente el camino y una visión de uno de los picos del cráter, “cerca” no es la palabra que se viene a la mente, allí la calma soledad de la montaña se rompe de a pie, nuestro avance es tenue, la prisa no ha sido invitada a estas horas tempraneras. Letreros muestran lo prohibido que se ha vuelto cruzar aquellos senderos, el alambre de púas delimita muchos sitios pero no impide continuar, lo saltamos o lo pasamos por debajo y listo. Ya es una hora de caminata tiempo de tomar un descanso para compartir lo que se pueda, aparecen chochos, tostado, caramelos, chocolates, agua, etc., el paisaje con ayuda del clima llama a contemplaciones, buen momento para capturarlo. El pico visto hace un rato aparece mas claro pero no tan cerca, pensar que ese no es al que vamos sino al siguiente del siguiente. Aparecen unos jinetes y sus rebaños de toros que causan temor a más de uno y el camino que ahora se inclina promontoriamente, uno toma la punta y encabeza la fila a paso veloz, “detrás de la alambrada Huguito ahí detente”, “¿Qué?, no te oigo”. Otra casi hora ha pasado, el viento nos da la bienvenida y ya el primer pico ha sido alcanzado, abajo todo lo que subimos luce como un valle plano. Ahora el camino es bordeando la base de los picos, caminamos por los pajonales ya con facilidad, mientras no aparecen las empinadas cuestas del sendero que de a gatas subimos. En la base de la roca una pequeña clase de escalada y para arriba, luce difícil, cada paso se complica pero esto solo hasta entender la técnica, sin embargo siempre hay manos de apoyo para que todos lo hagamos. La cima, el lugar en la herradura que es el cráter del Pasochoa, aparece singularmente espléndido, entonces es tiempo, cada cual con su lunch y la mesa que se sirve, compartir entonces llega a ser tan único en estos sitios. Para la siguiente cima, nos apuntamos cinco, esto ya se convierte en pasional. Unas llamas nos encontramos por el camino que sube y baja pero bordea los picos dejando contemplar el barranco y sus precipicios. La distancia no es corta pero la aventura es intensa, llegamos a la cima y nos place seguir a la siguiente. El otro grupo ya ha comenzado a bajar, hacemos lo mismo pero acelerando el paso para alcanzarlos, el paisaje por estos lugares ya es de postal, un par de cerros después y estamos todos otra vez, de allí bajamos sorteando el camino que en parte lo conocemos; un par de descansos donde con naturalidad nos recostamos sobre la paja para captarnos del sitio. El transporte espera en el sitio indicado y de a poco llegamos, algo fatigados pero con el placer de una nueva experiencia en nuestra bitácora personal.

domingo, septiembre 02, 2007

Lita y sus Cascadas,
Lindero de la Cotacachi – Cayapas.

"El sector de Lita constituye el sitio geográfico de confluencia de tres provincias: Imbabura, Carchí y Esmeraldas, ubicado en la zona de amortiguamiento de la Reserva Ecológica Cotacachi – Cayapas. . ." Singular presentación del lugar daba pie a imaginarse la aventura que sería visitarlo. La invitación causó gran acogida y 40 personas + el chofer partimos aquella discreta mañana 2 de septiembre desde los puntos de encuentro, con sus respectivas paradas para recoger unos cuantos por las vías de Quito. Entonces el transporte gozaba con el jolgorio causado por grupos de a muchos que platicaban entre sí. Un poco de música suave para que algo descansen, pues el camino no era corto pero apenas el cd terminó comenzamos a reconocernos de a dos. Cada quien con cada cual, parejas improvisadas que se conocían y se mostraban en frente de todos, no faltaron los gritos de “beso, beso” desde el fondo, por la compatibilidad sugerida. Allí éramos una mezcla de emociones, universidades, profesiones, signos zodiacales, deportes, voces, sensaciones y demás. Buen tiempo llevo este intercambio que hizo el recorrido corto, más un pastelito “enmorochado”, del agrado de la gran mayoría, un par de kilómetros más en las tan pronosticadas “dos horitas”, un paisaje a los costados de la carretera digno del multidiverso Ecuador, unos vaticinios cortesía de nuestro Oráculo que a vista de palma de mano izquierda presagiaba el particular destino y llegamos a Lita, allá por los arrabales de la renombrada reserva Cotacachi - Cayapas. De ahí cerca estaba la entrada a la otra reserva de amortiguamiento que lleva como nombre “7 Cascadas”. Entonces armados para el sitio partimos en busca de las siete caídas de agua que mostraba el río Chuchubí. En la carretera lucíamos como procesión donde solo faltaban las canciones. Por un sendero escondido bajamos y dimos con la primera cascada, pequeña pero con un bonito vado, nadamos para entrar en calor, el agua cristalina como que invitaba a hacerlo. Seguimos y en la segunda, la piscina natural que se formaba era más grande y profunda por lo que cada cual chapoteaba a su modo. Continuamos la tercera mas alta y amplia invitaba a algunos a lanzarse desde los riscos para acuatizar sobremanera, incluso una chica, para sorpresa de algunos, se lanzaba desde una altura de al menos 7 metros, tomándose su tiempo, como es debido. Avanzamos y otra cascada aparecía, caminando otro trecho otra y luego una más, todas con su particular encanto y sus fosas naturales que eran aprovechadas a diestra y siniestra, pues sinceramente que diferente es nadar en lugares con tanta energía rodeándolos, con el ozono que recarga no solo el cuerpo y la mente, en aquella clara expresión de la biodiversidad como no ponerse a pensar en la importancia de conservar el medio ambiente y los recursos naturales del verde país que nos han legado, que diferente en verdad.
Por el sector de las vías del tren estaban las últimas cascadas disfrutadas al máximo, de ahí el recorrido era por la ruta del tren y cruzando un túnel completamente oscuro y fangoso, a esas alturas ya no importaba el caminar por el lodo, mas bien se lo sentía terapéutico. El circuito entonces nos llevo de vuelta al bus con un pequeño chubasco y de ahí a prepararnos para el almuerzo, de esos con alma de meriendas que nos tienen acostumbrados estas aventuras ecológicas. En Lita el restaurante se vio abarrotado con todos, faltaban sillas, mesas pero sobraba el apetito, menguado solo en parte con esos caldos de gallina criollaenyucados. Así, con paciencia comenzamos el retorno que sin contratiempos nos trajo a Quito nuevamente, bueno lo que explotó la llanta del bus o el cronómetro que nos trajo a destiempo no cuentan. Lo que cuenta es el lugar, la gente que se conoce o se reencuentra y los sentidos reencendidos verdad?

jueves, julio 26, 2007

Un regalo :
Obsequiate a ti mismo 7 minutos para mirar este video. Seguro y te sacude.
Saludos a todos.


domingo, junio 24, 2007

Illiniza Norte, Tercer Desafío.
La cita a tan tempranas horas (5:40 am.) nos permite ver el amanecer quiteño, inigualable es la palabra que se viene a
la mente. Algunos se han dejado tentar por las sabanas y no acuden, intentamos contactarlos pero no hay respuesta así que nos vemos obligados a partir. El grupo cuenta con pocos en número, pero con grandes deseos. Por la panamericana cruzamos Aloag, Machachi y por un desvío entramos a la ruta al Chaupi y por consiguiente a la reserva ecológica Illinizas. Luego de la parte asfaltada el camino sinuoso es sorteado con paciencia por nuestro transporte. El cerro Pilongo a los pies del los Illinizas luce de un color verde intrigante, “Pilongo” singular nombre que causa mas de una broma. Coloridos caballos que aparecen en la ruta juguetean con las yeguas cercanas, solo presos de nuestras miradas. Llegamos a la Virgen a una altura de 3900 msnm. donde dejamos el motoro para calentarnos y alistarnos para la ruta. Ahora cruzamos un bosque de Polylepis con pajonales y cientos de plantas andinas. Los Illinizas se muestran nevados (ambos), así que imaginamos el frío que debe estar haciendo. En la base de los cerros se ve un arenal con una inclinación considerable además de una distancia que mientras lo subimos nos pone a prueba, pero no a todos porque alguno de los nuestros sube y avanza sacando una considerable ventaja. De uno en uno llegamos al refugio “Nuevos Horizontes” donde otros montañistas (nacionales y extranjeros) nos saludan, ¿A ver si recuerdan como se dice “Hola” en francés?. Entonces todos amigables, posan en nuestras cámaras. Ahora estamos a 4750 msnm. y la nieve viste de blanco el lugar. Un invitado tiene problemas con su calzado (toda la suela rota) así que decide regresar. Un descanso corto y nos preparamos para ascender al Illiniza Norte. La nieve es ahora el camino. Avanzamos con cuidado, pues, no queremos tener ningún percance, la niebla en cambio permite, solo de momentos, ver la laguna entre ambos Illinizas. Marcamos un buen ritmo de caminata, donde ver hacia abajo causa mas de un susto, pero con paciencia lo sobrepasamos. La nieve un tanto dura a veces parece estar a favor nuestro, otras nos llega hasta las rodillas, por momentos se gatea verticalmente a diferencia de las que escalamos con recelo por las rocas entrecortadas. Alcanzamos a otro grupo que había partido a la cima cuando él nuestro recién arribaba al refugio (prueba clara del ritmo que se ha impuesto entre todos) y en aproximadamente dos horas gritamos “CUMBRE” a 5126 msnm. Dos grupos más de gente llegan con nosotros e intercambiamos comida y felicitaciones, la cima es un lugar angosto pero nos repartimos bien los sectores, la vista que a ratos se despeja, es increíble, el frío también pues el viento pega desde un lado de la montaña, pero como alguien sabiamente lo pensó y lo tomó textualmente: “ahí estábamos, observando lo que muchos desearían ver y sentir cuando pasan en un recorrido guayaquil – quito o similares, desde una ventana 30x40, deseando cubrir mas con toda su vista periférica, deseando girar, girar sobre si y seguir rodeados de tan majestuoso espectacular arreglo de nubes plumón, montañas, nieve, luz y celeste firmamento”. De común acuerdo se decide comenzar el descenso por el arenal. Por allí parece más confortable, pero no tanto, pues la pendiente es larga y las rocas están dispersas por doquier, entonces sentados o resbalando o saltando descendemos contemplando los valles que circundan el sitio (bellísimos). En un sitio un poco más seguro tomamos un descanso y nos acomodamos plácidamente. Continuamos y nuestro siguiente descanso es un pequeño riachuelo proveniente de los deshielos, donde soberbiamente nos acomodamos a una siesta. El tiempo se hace corto, así que proseguimos por la ruta y casi al salir del bosque de polylepis unos toros aparecen en el camino, con temor los rodeamos y nos dirigimos al transporte que, con el mismo cuidado de la ida, nos lleva de regreso para Quito. El ritmo impuesto, el clima propicio y el diverso lugar ha beneficiado a todos, cabe mencionar que lo hemos hecho en poco tiempo y podemos ver el atardecer de regreso a la carita de Dios, la preparación previa en el Rumiñahui a ayudado sin duda.
Click aqui para ver mas fotos

domingo, junio 10, 2007

Volcán Rumiñahui, Mirador de Volcanes.
6:50 am, interesantes expectativas pululaban aquella mañana, que de buen augurio se mostraba vistosa. Ahora cinco foráneos (gringos) habían sido bienvenidos para acompañar en la excursión. Entonces el grupo en número de 16 (con piloto incluido) era una mezcla de regiones y acentos.
El transporte sorteaba sin mayor dificultad la ruta de entrada al Parque Nacional Cotopaxi, ayudado sin duda por el clima. En el control de acceso los guardias
dudaban de la procedencia extranjera de algunos de nuestros nacionales (curioso asunto). El cucayo en su punto (para el frío y la altura) era bienvenido a estas horas igual que los ánimos de cada uno por contemplar esta ruta, 4710 msnm. no suena tan difícil a estas horas.
Llegamos a la laguna del Limpiopungo
donde recién caemos en cuenta de la energía eólica que cubre el sitio y que causa, además, un frío incondicional, por tanto resolvemos avanzar para rodear la laguna y que las faldas de la montaña nos protejan, una vez allí posamos para la foto del “antes” más un calentamiento pa’ no tener problema con las coyunturas o lo que se les parezca.
Ahora seguimos a paso moderado por los senderos incluso a trekking puro, para tener la oportunidad de
caminar por sitios más vistosos, unos halcones nos sobrevuelan, quizá extrañados de vernos por sus dominios. En un cerro nos juntamos a descansar y algunas exclamaciones de cansancio en ingles y español hacen sinigual el sitio, lo mismo que ese chocolate (de Italia con amor “para toros”) que con galletas resultan exquisitas. Continuamos, la promesa es descansar y almorzar en esa cueva que a lo lejos se ve, entonces la vegetación se muestra estupenda y rodeamos un par de cerros para encontrarnos con una pequeña cuesta con arenales para llegar a la cueva. De uno en uno comienzan a llegar a este bati – lugar, solo con la novedad de que dos chicas han preferido recostar su osamenta en los páramos y darle un saludo al lugar con una ruca, esperando a que volvamos, el resto jadeante y con paciencia llega donde son recibidos por la comida y la sonrisa de los demás.
Ahora se les invita a continuar a la cumbre, solo falta una hora
en promedio, nada sencilla pero muy inolvidable, pues, toca escalar un par de paredes, bordear algunos precipicios, soportar el viento que por este túnel cobra velocidades intensas y llegar a la cima. Muchos prefieren regresar y otros avanzan con cuidado, esto no es tan fácil y necesita de decisión personal, entonces de a poco subimos contemplando lo que queda atrás. Una cuerda se arma desde arriba para facilitar la subida y al fin llegamos los cinco, entre ellos una extranjera que disfruta con asombro, igual que nosotros, del placer de coronar un sitio como estos.
Un par de fotos con abrazos
y comenzamos el descenso, con cuidado claro, pero la tarde esta cayendo y tenemos que alcanzar al resto así que aligeramos el paso. El Cotopaxi se muestra increíble desde aquí he incluso podemos ver claramente como sus glaciares han retrocedido, fiel resultado del problema ambiental mundial y sus consecuencias, de aquel que todos tenemos la culpa y pocos tratamos de hacer algo. Quizá el verlo así nos levante de nuestra comodidad y nos haga poner cartas, en el asunto. “Comodidad”, he ahí un gran problema.
Llegando
al bus la tarde se ha desplomado y nos da gusto encontrarnos con el resto y escuchar las sonoras historias, bajo el cristal de cada uno, de esta aventura, mientras el piloto enfila rumbo a Quito de vuelta a nuestros queridos 2800 msnm. Singular sitio verdad?

domingo, abril 22, 2007

San Miguel y sus Cascadas, un lugar discreto e inimaginable.
En esta ocasión nuestras aventuras publicitarias nos llevaron hasta la radio donde realizamos la invitación en el programa “Quiero hablar de una ciudad
llamada Quito”, de Radio Sucesos, gentil experiencia la entrevista en forma de conversatorio que desde ya avizoraba una grata aventura por esos rincones del noroccidente de la provincia de Pichincha.
En la mañana se complica, en algo, el encuentro con
todos por la carrera de los 5 KM. en la tribuna de los shyris, sin embargo, con paciencia armamos al grupo que ahora cuenta además de la multidiversidad de género, edad y ocupación, con tres pequeños participantes. Partimos y como es costumbre cada uno comienza a contar su lado de la historia, algunos han sido invitados por la singular experiencia de otros, aquellos se llenan la imaginación de expectativa y todos él estomago de esos pasteles color chocolate y vainilla, el camino entre plática y sonrisas es corto. A punto de llegar a San Miguel de los Bancos descendemos del bus equipados hasta los dientes, ahí celebramos con abrazos el cumpleaños de la madre tierra y nos disponemos en fila por el sendero. El clima subtropical de los Bancos hace muy factible la lluvia, que ahora no nos acompaña pero que seguramente los días anteriores han hecho del camino una suerte de lodo piedras y humedad, muchos caen, ruedan, frenan pero nada del otro mundo, tan acostumbrados hemos estado ya a estos menesteres, que preferimos ensuciarnos a lastimarnos, sabia lección.
En la ruta unos toros juguetean con sus cuernos y sus
cabezas, lo que hace que pasemos con cuidado intercambiando miradas con los vacunos, ¿pa ver quien tiene mas miedo?. Avanzamos y las cuerdas son útiles para descender por ciertas partes pero cuando llegamos al afluente del río blanco tratamos de buscar por donde armar el rappel pero, por la altura, se hace imposible, así que volvemos al sendero mas calmo, bueno ni tanto porque la bajada esta fuerte.
Sobre un tronco y una línea tendida nos balanceamos sobre el río hasta llegar a la cascada sin nombre, que por las lluvias tiene un voluminoso caudal, mismo que aprovechamos para juguetearlo junto a su piscina natural en la que vamos adentro y disfrutamos del prana obsequiado. Con paciencia se llega a nado hasta donde la caída de agua vierte un masaje relajante a nuestro cuerpo, recomendable el sitio para despojarse y no solo del stress.
Es tiempo de seguir; se ve un puente medio endeble, cortando de una orilla a otra, al río Blanco que luce temible, entonces con cuidado y en pequeños grupos lo cruzamos, controlando el contoneo del mismo con
nuestro vértigo. Del otro lado prestos y por el verde lugar, fuera zapatos, dos equipos, una misión y a ver quien gana, en un mar de carcajadas y vitoreas.
Salimos a un camino más
accesible y en poco tiempo entramos a otro sendero que nos lleva a la “Cascada del Amor”. Esta luce crecida, amplio su estanque así que unos pocos nos abalanzamos de a zambullida en sus aguas, mientras otros la contemplan con recelo, es posible nadar pero con esfuerzo a pesar de la cuerda que se tiende de un extremo a otro. Sobrio lugar para saber si en verdad sabes nadar y que ganas de no dejar de hacerlo.
Luego de vuelta al camino y en poco tiempo alcanzamos el
transporte que aguarda y nos lleva a San Miguel de los Bancos donde un sabroso almuerzo espera desde las tres de la tarde ya, bienvenido como el solo, por el soberano apetito. De ahí algo de compras que llevar y de regreso para Quito, claro con un par de canarios que permiten ir haciendo relajo al fondo del bus en el “verdad o desafío”.
La madre Tierra
nos permitió compartir su día en aquellos lugares recónditos dando una muestra de sus bríos y sencillez, el verdor ecuatoriano es una muestra de la riqueza multidiversa que aguarda que la redescubras y protejas, que mejor forma de festejar la vida que con vida.
Click aquí para mas fotos

domingo, marzo 25, 2007

El Taita Cayambe, Paradisíaco Volcán.
Cuando Humboldt visitó el Ecuador escribió sobre este volcán:
"Esta montaña puede ser considerada como uno de los monumentos con los cuales la Naturaleza ha hecho una gran diferencia en la Tierra."
Estas palabras resumen con razón lo que nos aconteció en el Taita Cayambe, desde la mañana que partimos el clima se mostró amable. Por posible
s problemas con los chapas y el transporte tomamos la vía Tumbaco – Quinche – Cayambe, en el camino el grupo se iba empatando de adrenalina. Para algunos era su “primera vez”, otros más duchos daban rienda suelta a su escapada del mundo, que básico el apagar el celular y prender los sentidos. Nuestro transporte subía y subía por el camino lastrado mientras se contaban historias y se tejían paisajes. El té de la hierba ancestral fue parte del cucayo porque se hacía necesario el controlar los efectos de la altura. Pasando por la hacienda Piemonte un árbol caído impedía el paso, pero con ayuda de todos lo movimos sin dificultad. Ya en las faldas del Cayambe junto a la virgen se detuvo el automotor, nos alistamos y calentamos un poco, de ahí rumbo para el refugio. A los pies del pequeño riachuelo pudimos observar la placa en honor de los tres personajes que en abril de 1974 fallecieron a causa de una avalancha; por quienes lleva nombre el refugio “Ruales, Oleas Berge”, la cuesta para cortar camino por la Z (forma del camino) y llegar a la cascada de los Mirlos nos preparaba para lo que estaba por venir. El grupo de 31 personas avanzaba con par de tropiezos, pero nada del otro mundo, en cuestión de hora y media estuvimos en el refugio donde se presenciaba visiblemente los efectos del deshielo de los glaciares, de eso que somos todos culpables por el desmedido abuso de los recursos. Alguien decía: “hace 18 años anduve por estos sitios y no saben el brutal cambio que es verlo de esta manera”, solo podíamos limitarnos a imaginar y redescubrirlo.

Ya desde el refugio arrancamos bajo una pálida neblina que aparecía y se esfumaba, ahora era importante mantenernos juntos, la prominente cuesta ponía en aprietos a algunos y la nieve que no aparecía, cuando al fin en un reducto la tuvieron al alcance ni cortos ni perezosos se arrojaron, literalmente hacia ella. Ahí el glacial se mostraba en todo su esplendor y la guía que nos contaba sus historias de prácticas en la nieve y en la zona que ahora no hay. Avanzamos ya estamos cerca de la laguna del glaciar y la vemos de un color turquesa que nos envuelve y nos hace correr hacia ella, dos avezados se meten en sus aguas gélidas mientras que otros la rodean y van a posar con sus máquinas fotográficas junto a los hielos.

En el almuerzo nos juntamos y compartimos la comida en una piedro-casa improvisada, sabe mejor de este modo y el calor que formamos nos hace vivir el momento a esta altura y con esta gente.

Comenzamos el descenso donde una garúa nos acompaña, de a poco todos vamos llegando al refugio donde un tecito pal frío es incondicional, ahora todos somos amigos y parecemos celebrar el esfuerzo impuesto.

Rumbo al bus, la bajada no cuesta nada y conversamos acerca de miles de cosas mientras el páramo continua su función de reserva de agua y mansamente nos muestra de donde viene el vital líquido, unos conejos se cruzan a ratos quizá curiosos a la risas que descienden, llegamos al transporte desde donde comenzamos el regreso a la ciudad, claro pasando por los bizcochos de Cayambe y de ahí a la monótona realidad de encender el celular.

Increíble el sitio, tu presencia y todo lo que se conjugo en ese día.
Aquí mas fotos

domingo, enero 28, 2007

El Encañonado del Río Pita.
El
clima quiteño acompañaba la mañana. De a poco los rostros aparecían en el transporte con grandes sonrisas de timidez y expectativa. La siguiente parada sería entonces el “Trebol” cerca de la “Marín”; ahí se completo el equipo expedicionario que contaba con diversidad de genero, edad, contextura pero con la misma pasión por descubrir.
La ruta para el transporte cruzaba por Sangolquí, Selva Alegre y Rumipamba, ahí hablamos con la gente de la comunidad para los permisos necesarios, muy amablemente nos permitieron incluso cruzar sus fincas, con cuidado pero, pues en ciertas partes cables de electricidad eran
utilizados para impedir el paso del ganado. Saltando continuamos y comenzamos el descenso al cañón del Pita; la inclinación rozaba en partes la vertical el suelo por la lluvia del día anterior no era firme, lo que complicaba el avance, aquí la solución se volvió elemental, una cuerda y a ensuciarse con confianza las posaderas. Funciono, después de la escalera cada uno contemplaba con estupor la distancia bajada.
De ahí, sin temor, el río se mostraba; Cruzarlo era el camino, como la corriente ponía en problemas optamos por la tradición del trabajo en equipo, increíble la fraternidad mostrada por el grupo, las cadenas humanas hacían cómodo el recorrido por el agua. Los retos eran diversos, unas enormes rocas para escalar, vegetación por doquier y el camino contracorriente sobre el Pita.
En una preciosa cascada con el equipo necesario armamos el rapel, al principio nadie se arriesgaba, pero después sobraban voluntarios, incluso uno lo intento por una ruta
diferente y termino completamente mojado. El camino y el tiempo apremiaban así que seguimos. Aparecían diversas y multiformes caídas de agua que destellaban su energía, una y otra y otra vez y diez veces más atravesábamos el río, la temperatura del agua ya no era problema, incluso muchos a fuerza de desequilibrio chapoteaban con prudencia, cabe mencionar que el Pita por causas del calentamiento global a reducido su caudal en un 30% en los últimos siglos, si ahora es así, debió ser espectacular entonces. Las manos se tendían con otras para subir, bajar, cruzar, sujetar, ayudar y apoyar; genial escenario del compañerismo que prima en nosotros pero que normalmente pasa oculto.
Las peñas lucían imponentes, en una de ellas vimos un grupo colgado
con cuerdas que de seguro preparaba la ruta para practicar escalada deportiva. Llegando al puente el camino era bloqueado por alambre de púas que impedía el paso, a estas alturas eso no era un obstáculo, entonces llegamos a una gran piscina natural donde la invitación a la zambullida final despedía la travesía. Por la ruta normal encontramos el bus que nos llevo al lugar previsto para almorzar, donde unas truchas de película gringa nos esperaban. Diverso el grupo y el lugar, que opinas?
Aqui tienes mas fotos

domingo, noviembre 19, 2006

Insólito encanto en las rutas orientales,
Cascada de San Rafael . . .

El transporte venía desde el sur custodiado con el amanecer. El itinerario sería cumplido a cabalidad para darle tiempo a cada uno de los atractivos. Los rostros diversos, en cambio, intimidaban el saludo que las sonrisas trataban de encubrir, enfilamos la brújula en sentido: oriente ecuatoriano.
Clima despejado en la subida a la Virgen del Páramo (4100 msnm.) prometía paisajes de postal. Pasando Papallacta el llamado biológico y los ruegos obligaron a una parada y la mayoría a la cola pal baño, un cachorro blanco nos congraciaba con su pavoneo, ¡qué ganas de raptarlo!.
De nuevo todos en la ruta y el hielo que se rompía con las historias mutuas, aventuras de viajeros, algunos inexpertos pero dispuestos, pensamientos ecológicos al igual que corrientes nacionalistas eran bienvenidas, “las fronteras solo están en nuestras mentes y en los gobiernos” palabras sabias que nos recordaban un graffiti decorando una pared quiteña: “no son las nubes las aborregadas sino nuestras mentes”, ¡para pensar! ¿Verdad?.
Entonces trocamos en amigos afines, intercambiábamos rutas, bromas, ideas y el viaje se hizo corto. Entrando en el desvió a la Cascada de San Rafael el camino un poco descuidado, junto con la garúa oriental nos recibieron. Llegando al campamento del Ministerio del Ambiente, desatendido por cierto, pero con todo lo necesario, pa’abajo todos, claro que previamente equipados, como en la foto. Nos encaminamos por el sendero. Algo más de 40 minutos con el cielo despejándose y se dio alcance a aquel increíble sitio. El caudal era enorme (400.000litros/ segundo en promedio) San Rafael se mostraba intenso, la historia contaba de un canadiense que se había caído, otras de un terremoto que había deslizado parte de la peña, de cualquier forma el agua desplomándose 150 metros causaba un efecto casi hipnótico en nosotros.
De ahí retorno al automotor y vía al río Malo, singular nombre ¿A que se deberá?. Avanzando con cuidado por el sendero lodoso en 20 minutos arribábamos a los pies de la cascada, la invitación era cruzar al otro lado del río a nado. Se formaba una especie de lluvia que apenas te acercabas un poco te empapaba, sus 50 metros de caída y su volumen de agua eran magníficos, la temperatura de igual forma; el lodo ennegrecía los pies dándoles un trato como se diría “terapéutico”, la avezada gringa nos indicaba, después de probarla ella mismo, donde era seguro zambullirse.
Entonces para volver algunos agarramos el cauce del río, con todo lo que suponía. Ya completos en el bus, partimos de regreso para el Chaco, pues allá la comida esperaba. Ahora si satisfechos silenciaron el recorrido, menos unas risas y pláticas que destellaban a granel, en vano se culpaba de esto a cierto pequeño, eran otras las que tenían el mismo timbre. Arribando a Papallacta en sus 3700msnm. las piscinas calientes llamaban al relax y al destape. Con facilidad cedimos al abrigo del agua recargando y dejando para el recuerdo esta viva jornada. Luego llegar a Quito era solo cuestión de una ruca y un abrir de ojos, claro amenizado por las “rebel melodía” estilo “Voto latino de entre las masas, voto latino para la igualdad de razas”. Tan completo, cerca y heterogéneo fue el día como un ejemplo del multidiverso Ecuador.

domingo, septiembre 17, 2006

De Palma y Caña no se olvida . . .
"M a q u i P u c u n a"

El bus venía desde el sur ya con imágenes inherentes, que nuestra publicidad en
los medios, había impreso en la mente de los invitados: “Domingo 17 de Septiembre andaremos a través de los Culuncos, por la ruta de los arrieros . . .” Llegando al segundo puesto de acopio (tribuna de los Shyris) las caras nuevas sonreían con timidez, el espectro era amplio (obstetrices, historiadores, mecánicos, dentistas, estudiantes, madres, periodistas, informáticos entre tantos) en el tercero, ya completado el equipo de aventura, arrancamos bajo la venia del clima ecuatorial. Con calma uno por uno comenzó a contar su historia, el afecto por la naturaleza parecía ser el componente que mutuamente se tejía. En Nanegalito el ambiente subtropical instigaba el confort, incluso algunos no tan equipados se armaban con lo necesario, el bus continuaba. Bolones con café nutrían las expectativas y ya en Marianitas el calor como que inducía a cruzar por esos ríos que cortaban el camino, es mas, nos tocó bajar para facilitar el movimiento del automotor. Aproximadamente dos horas y media tomó el viaje para arribar a Maquipucuna. Ahí, a los 1300msnm, en el bosque primario nublado montano, con todo ese remanente de la bioregión fitogeográfica del Chocó era fácil sentirse “de la mano de la naturaleza”, que es la traducción del nombre de esta espectacular reserva. Cerca de 5000 hectáreas de vida nos rodeaban, mientras tanto en el lodge una bienvenida y explicación de los pormenores del sitio, de como su cultura ancestral preincaica (Yumbos) había utilizado la región para comerciar entre costa y sierra y poco después los culuncos fueron usados como ruta para contrabandear el aguardiente, que era prohibido en las épocas coloniales. Entonces partimos, el tiempo apremiaba, la comodidad también, con lo necesario y algo más atravesábamos un par de fincas, el camino era entonces una trama de senderos que se entrecruzaban a placer, la vegetación mas el residuo vacuno nos obligaban a sortear y saltar, al fin arribamos al inicio de la ruta de los arrieros, los notables culuncos parecían contar historias de caña y aguardiente, el verdor era un regalo a nuestros sentidos, en un pequeño manantial un descanso y nuevamente en marcha, la fila se separaba un poco por lo agreste de la ruta Llegando al puente donde los dos ríos se cruzan cambiarse de zapatos era inevitable, porque ahora, vía aguas arriba: el río era el camino, como dos horas nos tomó, en total, llegar a la cascada, el agua cristalina y el calor eran buenos pretextos para nadar, intenso el masaje que nos permitimos dentro de las caídas de agua, el prana (energía) nos envolvía y refrescaba a placer, imagino que uno recuerda estos lugares cuando quiere recargarse. Regresando el bosque nublado mostró él porque de su nombre, una garúa acompañó los pasos hasta llegar al transporte, sabiamente el bosque primario cubría el sendero, pero no en la parte de las fincas, donde, enrarecido el trayecto por el agua nos enlodábamos y rodábamos con gracia, el ganado vacuno no parecía tan amistoso en este punto, igual con precaución debíamos avanzar, pero la duda flotaba acerca de la enemistad que tienen con el color rojo. En el bus la vida fue más sabrosa, con la advertencia de que “no se cambien todavía“ tomamos la ruta a Nanegal, ahí el otro espectáculo natural la cascada de la Piragua nos esperaba, desde lo alto zigzagueaba el liquido vital para caer a nuestros pies formando una ola y una cueva de lluvia; Indescriptible la paz que brindaba este entorno. El tan ansiado almuerzo con alma de merienda aguardaba cerca, poco después, el regreso a Quito breve y cómodo, en su punto. Entonces ahora al recordar las emociones más el equipo de aventura junto a esos vestigios de la Pachamama, nos viene una palabra, ¡exquisito!.

domingo, julio 30, 2006

JULIO VERTICAL

II Estación:
“La Cumbre del Rumiñahui.”


9:50 pm., Domingo 30 de Julio, las luces del bus y los reflectores de los alemanes que encandilaban hacía difícil distinguir el sendero, de cualquier modo ya no importaba el hecho de que cruzábamos por fango o por la misma laguna del Limpiopungo,
al fin llegábamos al transporte y esperábamos que el resto: ¡Quiénes arrancaron primero y aquella que decidió volver por su cuenta, estén juntos . . .!
Uno a uno van llegando a la tribuna de los Shyris, la mañana se muestra elocuente. Decididos, con optimismo nos enrumbamos a la tribuna del Sur y recogemos otro poco de gente, el transporte toma la panamericana y todo el callejón interandino, que alcanzamos a divisar: Ruco Pichincha, Atacazo, Corazón, Illinizas, Sincholagua, Pasochoa y Rumiñahui, tienen sus respectivas cimas nevadas, un poco extraño por ser época veraniega en Ecuador, “aunque con este clima nunca se sabe”, reflexiono para mí. De cualquier modo nuestra meta es la cima del Rumiñahui a 4720 msnm. y el clima esta despejándose. Una canelita más un sanduche con alma de pizza, pal frío y entramos por el puesto de guardia Sur del Parque Nacional Cotopaxi, avanzamos un trecho y nos invitan a viajar estilo chiva, la mayoría sube y solo unas ramas ocasionales nos dan problema. El frío abunda por este sitio. En poco tiempo arribamos a la Laguna del Limpiopungo (3830 msnm.), el punto de partida. A mano derecha del camino, el Cotopaxi nos da la bienvenida a su morada, en cambio, frente a él, en dirección occidental: el “Rumi”, con cariño, luce majestuoso, haciendo eco de su alma de volcán, imagino.
En el grupo cada uno se equipa lo mas que puede, nos presentamos brevemente porque el viento no da para mas y avanzamos bordeando la laguna.
Al terminar de rodearla y con menos ventarrón se hace conveniente un estiramiento, la flexibilidad no es característica del grupo, bueno una “doceañera” saca la cara por todos y hasta un carpado ofrece. Avanzamos, el sol que acompaña obliga desarmar, de a poco, la coraza de ropa de montaña que habíamos montado. Les hablo de una cueva que se muestra como un punto oscuro en las faldas del Rumi, “ahí comeremos” se decide. El camino es una suerte de pajonal, chuquiraguas, chochos y pendientes, bordeamos sus laderas en forma diagonal, “ya habrá tiempo para escalar” les decimos a los impacientes. Es característico de este lugar la famosa “W” que es como “un paso de la muerte” de ese que hay en el Guagua Pichincha, pero dos veces.
Seguimos, cada vez parece mas cerca y la laguna se ha convertido, en un charquito a lo lejos. Se divisa también un par de aves a gran altura, “son cóndores”, se los reconoce por su tamaño y porque viajan en pareja.
Empiezan un par de arenales pero ya estamos cerca de la cueva, una chica tiene calambres en su pierna por lo que decide esperarnos poco antes, como nos hallamos cerca de la cumbre no parece haber problema. Al fin llegamos a la esperada gruta donde les aseguro que empieza la cosa seria.
Dejan las maletas con la comida y los objetos que estorban junto al inicio de la escalada, todos menos el que lleva la cuerda y los implementos. Ahora aparecen más cóndores y están muy próximos, su vuelo es un espectáculo natural, razón tiene de ser tan simbólico. La ruta forma como un corredor, en el que al final, hay una gigantesca roca atravesándolo. Las piedras en el camino son filosas y cortantes, algunas parecen naipes y otras cuchillas, todas complican la escalada, igual que el viento de páramo entrando en una sola vía por el corredor, “chachaiii”. Al fin llegamos pero la cumbre no aparece, lo que si se ve es otra pendiente donde las rocas se desprenden con facilidad; esto dificulta de otro modo, neblina y hielo nos acompañan. La cuerda es puesta con una cinta que ha sido dejada en la ruta por otros, vieja costumbre de escaladores; “así se vuelve sencillo ascender”, pensamos, no obstante la inclinación del camino se acentuá.
Dándonos modos entre todos subimos y de cuando en cuando gritando “piedra, piedraaa”, para avisar a los que van abajo, algunos hábiles, las esquivan, otros las detienen como pueden. Poco a poco la cima aparece, son las 4:20pm cuando orgullosos posamos, nos felicitamos e inclusive hacemos llamadas desde celular: “pa’que vean la calidad de la melcocha”, el viento apremia y el cansancio también, “con razón el Iván Vallejo solo pasa 10 minutos en sus cumbres: ¡Que frío!”.
Descendemos, esto parece sencillo, pero nos lleva mas tiempo del esperado, un primer grupo llega a la cueva y decide aprovechar los últimos rayos de luz: parten, otro segundo grupo se va y yo que estoy esperando que esas dos muchachas terminen de bajar. Subo a ayudarlas, igual nos toma un buen rato, apretamos el paso porque la noche nos ha caído. Un cuarto de Luna nos ilumina, pero esto no impide que una chica ruede un par de metros por los pajonales con un toque acrobático. No tenemos idea de donde están los otros, alguien prende una luz de flash de cámara de vez en cuando y más o menos nos ubica, saco la fosforera y hago lo mismo, un pito nos ayuda para señales auditivas. El Cotopaxi, azulado por la noche, luce fastuoso. Al fondo, a kilómetros de distancia el bus hace avisos con las luces para orientarnos. Alcanzamos al segundo grupo y la oscuridad se vuelve completa. Tratamos de encontrar el sendero pero parece imposible, entonces inventamos camino, ahí es cuando los resbalones junto con las caídas empiezan, con suerte los pajonales te amortiguan, por ratos se descansa y presenciamos las estrellas en todo su esplendor, alguien las ve fugaces incluso cuando caminamos: ¿Cómo haces para ver el cielo y caminar al mismo tiempo?, le preguntan, él dice, que le da lo mismo saber por donde caminaba y mejor mira al cielo.
Otro descanso, de cualquier forma unos minutos mas o menos no hacen diferencia, ahora al parecer estamos en una planicie. Con un buen trabajo de equipo, la luz de unos celulares y siguiendo los residuos de las vacas que pastan por el lugar, encontramos un sendero del que no nos apartamos, también ocurre el preguntar ¿Donde estará el primer grupo que salió? ¿Y la chica que se quedo esperando?, “Tuvieron que haber oído el incesante pito si estaban por aquí”, pienso en voz alta. Decididos a llegar continuamos y alcanzamos un riachuelo que conduce a la laguna, al otro lado; nos identifican y el automotor prende la luz junto a unos reflectores que, ni idea, de donde aparecieron, esto enreda el avanzar, que a ratos lo hacemos por el agua pero ya no importa: “estamos por llegar al bus”.
Entramos y están todos, la alegría se vuelve explosiva, la percepción de la aventura es memorable, el cansancio tiene un sabor único, el lugar se ha hecho fantástico, la noche pinta colores increíbles y la experiencia es inolvidable. Nos despedimos de la pareja alemana que acampaba cerca y que gentilmente nos prendió los reflectores, “en la montaña todos hacemos fuerza por todos”, según se dice. Entonces nuestro transporte marcha de regreso para Quito . . .


I Página:
Cumbayá – Puembo en Bicicleta,

Sábado 15 de Julio, el día se prestaba para ciclearlo, el transporte estilo deportivo junto con las ganas de remontar esos años de muchachos cuando importaba el rodar con la choper o la bmx junto a tu gallada, eran ni más ni menos que las expectativas presentes.

Prestos y dispuestos nos bajamos en Cumbayá, cargamos nuestras modestas cantimploras (“tomatodo”) afinamos las bicicletas, alineamos nuestras gafas, gorras y guantes y entramos a la ruta antigua del tren. Nos recibieron unas chicas de la San Pancho quienes a manera de trabajo de quien sabe que materia, nos hacía un chequeo corporal básico: Altura, peso, cintura, niveles de grasa, como pa’darnos cuenta de si estamos calibrados en la onda light, deportiva o del tipo monótono, en todo caso nos obsequiaron una guía alimenticia bien recibida por todos.

Se arranco despacio, el camino en bajada hizo que de a poco algunos se reencontrasen en este caballo con ruedas, avanzábamos y el paisaje del valle era digno de postal, el río San Pedro a nuestro lado se veía como un pálido reflejo que se negaba a perder su encanto, ni que decir de la ruta del tren que estaba llena de matices y contrastes, la estación de Tumbaco, por su parte, era solo una casa añeja en el camino.
Continuamos, la siguiente estación tenía una distancia considerable, el estado físico en este punto fue menguando incluso algunos a ratos caminaban, se cruzaba por algunas calles que ni por idea se imagina uno como llegar, si va en coche claro, interesante la mezcla de ciudad mas caminos lastrados, llegamos a otro punto de descanso: Portal La Esperanza donde los jugos naturales preparados ese instante tenían el sabor a esfuerzo. Ahí estaba otra entrada y rumbo al Río Chiche. Esta ruta era magnifica de por sí, su vegetación sus cortes en la montaña sus peñas, el trayecto zigzagueante del río; todo llevaba la huella natural, que imaginamos, disfrutaba aquella gente que viajó en tren por estos lugares tan solo un par de décadas atrás. En la parte baja, el agua del río como que invitaba a meterse en unas discretas piscinas naturales que se formaban, lo malo es que de sobra se veía el malestar de las mismas. Ahora hacia arriba y el camino era interrumpido por un túnel en la montaña, oscuro como baticueva e igual de lúgubre, uno por uno nos aventamos mientras nuestra imaginación le pintaba historias tenebrosas o de pasadizo del tiempo, es increíble lo que causa la falta de luz, un poco más allá otro túnel y la ruta que recorría un par de cerros y acababa en el Portal Arrayanes con otro kiosco de jugos.
De ahí el llegar a Puembo era cosa simple, bueno al menos si el pasar frente a la vaca Batistuta atravesada en la vía, no causaba temor, su estación otro vestigio de lo que “alguna vez debió ser y no debió dejar de serlo”. Nos recibió con una comida característico - contundente. En cuestión de tiempo el transporte nos trajo de nuevo a Quito con novedosas imágenes atípicas rondando nuestra mente, la ruta de 20 kilómetros tuvo su exquisitez y desde ya hacemos fuerza porque sitios ecológicos así, sean reinventados para beneficio de todos.

viernes, mayo 26, 2006


AZUL y YAGE, dos de las mejores

Entusiasmados al oír el sonido característico de la claqueta que indica el comienzo del rodaje, nos transportamos hacia un edénico lugar que no podía faltar entre los visitados durante estos meses; nos referimos a la Cascada Azul ubicada al Noroccidente de la Provincia de Pichincha en el cantón Puerto Quito, recinto Puerto Rico. Allí se filmó parte de una película que tuvo como escenario los paisajes de “esta mi tierra linda, el Ecuador…”

En esta ocasión cada uno de los aventureros tuvo la oportunidad de actuar en el rol principal, ser el maquillista, sonidista, director y grabar en su memoria según el estilo de su preferencia (en blanco y negro o a color, muda o sonora, a lo “mero macho” o a lo “nouvelle vague”) los más gratos recuerdos de este eco-deportivo paseo.

Una de las primeras escenas fue el famoso Cráter del Pululahua que como un recibimiento especial había ocultado la neblina que lo caracteriza para permitirnos ver su resplandor.

Mientras continuábamos hacia la cascada prometida, los inquietos pasajeros fueron divididos en cuatro grupos, cada uno de los cuales debía demostrar su creatividad editando el guión de algunas leyendas conocidas tanto por los Quiteños como por los chagras. ¡Qué imaginación! El Padre Almeida que al escapar del cuartel decía - Hasta la vuelta mi coronel -, Cantuña que había construido el templo de San Francisco con discos compactos piratas y su salvación fue la inclusión de uno original, la caja ronca salvadora de la relación de un súper héroe y una bella chica y finalmente el gallo de la catedral saboteador de las actividades de Allpa Sijlla. ¡Qué Almodóvar ni que ocho cuartos!.

Entretanto habíamos llegado a un pueblito desde el cual podíamos acceder al afluente del Río Caoni en donde se encontraban compaginados el agua cristalina, los pequeños peces, el verdor de la vegetación y las coloridas flores, sitio envidiable para filmar la despedida cuando los eternos enamorados deben decir adiós.

Alrededor del medio día habíamos llegado a nuestro destino y fuimos recibidos con mucha hospitalidad. Los dueños del lugar dividieron a los visitantes en tres grupos que al grito de Los Conquistadores, Siempre Listos y Águilas hasta el final se preparaban para las competencias.

La primera prueba fue el salto de la soga pero con la variación que al menos cinco integrantes del grupo debían ingresar uno a uno, saltar por algunos segundos y después salir. Seguramente muchos no habían disfrutado de este popular juego desde la niñez, pero como dicen, ¡lo que bien se aprende jamás se olvida! Al parecer lo único que no se perdieron en sus años escolares fueron los recreos.

La segunda tarea consistió en llegar desde un extremo de la cancha de fútbol hacia el otro, pero lo debían hacer en grupos de cuatro personas, dos de ellas caminando de frente pero tapadas los ojos y las otras dos de espaldas. En dos delgados maderos debían posar sus pies y moverlos al mismo tiempo para poder avanzar.

Dos integrantes australianas se deleitaron y alegraron participando. A través de nuestro fluido span-english, logramos brindar las explicaciones necesarias y gracias a su colaboración Los Conquistadores fueron los vencedores absolutos de las competencias, mientras que la medalla de plata fue duramente disputada por los dos equipos restantes.

Muertos de calor decidimos terminar con las actividades y aceptar la invitación para conocer la Cascada del Yagé. En el corto camino escuchamos diversos y gratos sonidos como el trinar de los pájaros, el crujir de las hojas secas al pisarlas; vimos la variedad de la flora y además; degustamos unas deliciosas naranjas y una refrescantes mandarinas que los árboles del lugar tienen reservadas para quienes se complacen en visitarlos. Atentos a la historia de porque hacia el otro lado de la cerca la vegetación escaseaba, la explotación de los recursos y sus claras consecuencias. Poco a poco y cada vez más fuerte el sonido que nos indica la cercanía de un río, cuando de pronto, frente a nuestros ojos pudimos ver la piscina natural formada con el agua proveniente de la cascada. Para poder apreciarla en su totalidad, debíamos sortear algunas piedras para cruzar a la otra orilla y divisar sus aproximadamente veintidós metros de altura.

De regreso nos esperaban los patacones calientes con queso, pero advertidos de evitar ahitarnos decidimos comer con moderación para no provocarnos un calambre estomacal que no nos permitiera nadar en la tan ansiada Cascada Azul.

¡Finalmente, llegó la hora que tanto habíamos esperado!, la Cascada sería nuestra. Desde unas rústicas gradas que nos daban acceso se la divisaba. ¡Estupenda! Alrededor de diecisiete metros de altura, rodeada de helechos, plantas, árboles, una laguna cristalina que desembocaba en un apacible río.

No perdimos más tiempo y cual “güilli-güilli” en el agua disfrutamos nadando de un lado al otro con la confianza que el chaleco nos brindaba. Uno de los atractivos que nos ofrecía era la posibilidad de llegar a una concavidad al final de la caída del agua en donde se formaban un pequeño hidromasaje. Claro que para llegar el esfuerzo era grande, nadando contra corriente, apoyándose sobre las piedras resbalosas para que al final las fuerzas nos abandonen y volvamos al punto de partida en lo que se podría denominar “lo que la corriente se llevó”, pero los que perseveran alcanzan, poco a poco y con mucho esfuerzo logramos llegar. Según las creencias Shamánicas, regresaríamos renovados y con las baterías recargadas.

Por otro lado algunos chicos habían descubierto un altillo desde el cual se podía saltar hacia la piscina. En esta ocasión no se aplicó la técnica “first in first out”, puesto que una bella damita decidió ver el estilo de todos y cada uno de los osados clavadistas antes de decidir cuál sería el de su preferencia.

¡Por fin!, a la hora en que nuestros abuelitos debieron estar tomando el café de la tarde, nosotros íbamos a almorzar. Todo lleno de ese sabor que la paciencia sabe rociar.

Para concluir con esta bella experiencia no podía faltar la despedida de la madre tierra a través de un momento de meditación acompañado por las bellas melodías ofrecidas por los animales nocturnos. Con pilas recargadas, aún quedaban fuerzas para bailar con los nuevos amigos al ritmo de reggaeton, salsa y merengue en el corredor del transporte, pero poco a poco, el estado crepuscular en que íbamos cayendo indicaba que el rodaje terminó. Estamos seguros que a pesar de los percances, todos, incluso aquellos que no gustan de los paseos disfrutaron del paisaje, las cascadas, la compañía, la comida, la alegría y la diversión.

A nosotros nos gustaron todas las escenas, ¿y a ustedes cuál les gustó más?

domingo, abril 23, 2006

QUILOTOA una Laguna Encantada

“Cuenta la leyenda que un hombre llevó el ganado de su patrón a un hueco que se formó después de una explosión. Aquí enterró panela, vainilla y un quintal de sal y partió de viaje.
Cuando retornó se llevó una gran sorpresa, porque el pozo se encontraba lleno de agua.”


Para nuestros antepasados solo la magia podía explicar la magnificencia de este paisaje: el pasado, una historia; el presente un sublime paisaje y en el futuro, nuestro tesoro. Las leyendas siempre nos lleva con la imaginación a un mundo de diversión, este relato que ha ido de generación a generación convirtiéndose en parte de las tradiciones ecuatorianas, hace que cada año varios turistas visiten la laguna del Quilotoa para contagiarse un poquito de la naturaleza y su hechizo.

¡Bajo el frío de la mañana nuestra aventura empezó! Al entusiasmo de siempre se unió la expectativa de nuevos compañeros: un pequeño, varios jóvenes y un adulto se dispusieron llenos de vitalidad a su primera aventura junto con los ya curtidos exploradores. Ávidos de conocer diferentes parajes y experimentar nuevas sensaciones, el vehículo de cuatro ruedas partió… Profesionales de diversas áreas unidos por el compañerismo ayudarían si surgieran inconvenientes de cualquier índole. Si se hubieran presentado problemas con las tecnologías de información, estarían los ingenieros de sistemas, con los problemas en las maquinarias, los ingenieros mecánicos, para las últimas noticias del día, los comunicadores, para las finanzas, los ingenieros comerciales, administradores de empresas, economistas, ¿necesita ideas para comercializar algo?, los publicitas, dolor de muelas …, los dentistas y no conformes con eso, ahora un abogado quién nos ofreció casarnos, divorciarnos, volvernos a casar y a divorciar en tiempo record.

Casi sin percibir, llegamos a Zumbahua, un pueblito de la Provincia del Cotopaxi ubicado aproximadamente a una hora de Latacunga. Es muy conocido por su feria artesanal de los días sábados, pero tal fue nuestra sorpresa al encontrarnos la plaza casi vacía. ¿sería acaso porque era domingo?. Aunque al parecer, eso no impediría que se lleve a cabo una celebración, pues en medio del lugar se divisaba una tarima, amplificadores y varios micrófonos listos para que la orquesta al ritmo de un buen son “rompa el baile”.

Continuando con el trayecto y casi como una actividad institucionalizada, algunos decidieron subir nuevamente al techo del bus para poder admirar la belleza única que ofrece nuestro querido Ecuador. ¡Cómo no sorprendernos! Las montañas parecían un solo manto tejido en él, pequeñas figuras cuadradas, rectangulares y formas no definidas, distinguiéndose unas de otras por los colores intensos que solo la naturaleza tiene… Las diminutas chozas en medio del frío páramo albergan al indígena que cada día vuelve de un largo y arduo trabajo del campo para disfrutar de ese dulce calor llamado “hogar”. Y no faltaron las dueñas de esta tierra: ovejas y llamas que dificultaban el tránsito vehicular. Este conjunto de siluetas, sonidos y aromas quedaron impresos en nuestra memoria como uno de los más lindos recuerdos.

Mientras tanto el grupo que se quedó dentro del autobús, escuchaba los ruidos provenientes de arriba, ¡No, no era una voz divina!, eran los gritos, zapatazos que nos hacía imaginar que a lo mejor estaban rodando desde la parte frontal hasta la posterior y viceversa, pero como no habían caído, asumíamos que estaban completos.

Finalizado el camino y junto al borde del cráter observamos la laguna. ¡Qué belleza!, ¡Qué hermosa!, ¡Qué impresionante! fueron algunas de las expresiones que se oyeron al unísono. El objetivo era llegar a la playa de la laguna, camino abajo por un sendero arenoso, uno que otro tomo asiento, sin poder aún identificar si se trataba de una caída o solo de las ganas de descansar.

Una vez al ras de la laguna, los hambrientos decidieron formar un ruedo y compartir un buen momento y los alimentos, otro grupo tomó un bote que los llevaría bordeando la laguna y una pareja decidió poner a prueba su buen estado físico con la práctica de un ejercicio muy agotador, el kayac. En el segundo turno, el pequeño bote se lleno, tal vez sea una costumbre muy nuestra en sobrepasar la capacidad permitida o ¿será acaso porque no queremos perdernos los comentarios y ocurrencias de algunos y que provocan carcajada a granel? El recorrido a 360 grados, permitió mirar cada detalle de magia que tiene esta laguna. Las olas formadas por el cráter, las características del terreno que a pesar de lo agreste tenía sembríos, sectores propicios para los amantes del andinismo, vivir más intensamente la gama de colores desde los más claros y brillantes, hasta los más obscuros y opacos. Uno de los mayores atractivos es la formación de burbujas de agua, como en punto de ebullición, ¡Una muestra de que el Quilotota vive!.

Era hora de regresar y la subida no se percibía nada fácil. Resignados y preparados a subir se a dicho… por el camino arenoso, por una gran roca, cediendo en ciertos tramos el camino a las ovejas y yeguas que con sus dueños iban tentándonos de aceptar la promoción “por 5 dólares, suba en burro y ¡no sufra!, ¡no se canse y disfrute placidamente en estos cómodos cuadrúpedos!“, otros con una publicidad más agresiva “amiga, vas a morir en medio camino, mejor sube en mula”.

De retorno a nuestra capital, una necesaria parada en los chugchucaras de Latacunga que como pincel mágico, cambiaron el color del rostro de los cansados viajeros, como dicen barriga llena corazón contento..

¡Otra buena experiencia! En la próxima esperamos volvernos a ver.
Deben pensar que olvidamos parte del relato, ¡pues no! Siempre será un misterio sin resolver la desaparición del chaleco rojo, ¿qué paso?, ¿cómo se perdió? Podría ser una nueva historia “La leyenda del chaleco rojo del Quilotoa”. Cada uno le puede poner el tinte y matiz que desee, pero siempre será un arcano cuya explicación se desconoce y se desconocerá.
Hasta la próxima!

domingo, marzo 19, 2006

El hospitalario C O T O P A X I

San Pedrito de las nubes, llévate la lluvia y devuélvenos el sol,
San Alfredito de Palacio-s tu ayuda es con los paros, pa’ viajar sin preocupación …

Con luz verde para emprender la travesía hacia el Cotopaxi, nuevos y antiguos aventureros se dieron cita a muy tempranas horas en los lugares acordados para el encuentro. La primera parada fue Tambillo, una parroquia ubicada al sur de Quito, perteneciente al cantón Mejía. Con el espíritu viajero que siempre nos caracteriza quisimos subir en la parte superior del autoferro pero todos los espacios estaban llenos, así que nos resignamos esta vez, a no gozar de la suave brisa.

Entonces decidimos ubicarnos lo mejor posible para disfrutar del largo camino. Varios nos acomodamos en la parte posterior del ferrocarril, donde un penetrante y delicioso olor a chicharrón acompañado de unas ricas habas y dulces choclos, nos hizo caer en tentación. Los demás se relajaron en una amena conversación con el chofer y sus ayudantes, escuchamos que el viaje en ferrocarril es una de las más cotizadas experiencias para intrépidos muchachos y también adultos…, por lo que hubo sobre-carga de pasajeros, la capacidad del chu cu chu es para 70 personas pero sobrepaso hasta los 112.

Nunca falta en un largo trayecto los cuentos de terror!!! Empezaron los rumores del riesgo que fallen los frenos, pero todo fue un truco publicitario de la tripulación. ¡Estábamos en buenas manos!, al menos eso pareció…

Y no falto la amabilidad ecuatoriana… En la parte superior, el 6.66%, es decir uno de nuestros fieles seguidores que logró ir arriba, quién cuenta que el autoferro se tambaleaba seductoramente, testigo del sonido de la trompeta en sus oídos, algo incómodo en el trayecto, pero rodeados de foráneos y sonrisas amistosas, aprovecho para incorporar en nuestra aventura a dos amables forasteros. Todos nos esmeramos en enseñar a España y Colombia las bellezas ecuatorianas… también me refiero a los paisajes!!!

El largo camino terminó en la estación del Boliche, provincia del Cotopaxi, contrarrestamos el frío de la espera, con los tan conocidos canelazos, una bebida tan sabrosa como conocida. Unos con más canela que licor y otros …, al contrario. Por fin llegó el bus que nos llevaría al esplendor de la nieve…
Una vez dentro del Parque Nacional y para no quedarnos picados, decidimos subir al techo del bus ( con la venía del señor chofer ) y convertirlo en nuestro propio locomotor. Lo único que él esperaba es no llegar solo, es decir que durante el camino no hayamos caído cual hojas en otoño.

La libertad, el bullicio y el viento pintaron de sonrisas nuestros rostros, el paisaje es más hermoso cuando no está limitado por cuatro paredes, éramos parte de él, aunque en cada curva y en cada bajada los caballeros debían soportar los gritos de las damitas presentes. !La experiencia valió la pena!

Después de algunos minutos llegamos a la Laguna de Limpiopungo. Desde ahí divisamos al Rumiñahui ( uno de los siguientes destinos ) que con sus picos a la vista invitaba a imaginar como sería estar allí.

Ahora si debíamos prepararnos para el ascenso. Desde donde iniciamos, se apreciaba claramente el refugió, muchos exclamaron, ¡qué cerca que está!. Claro, en ocasiones anteriores habíamos caminado mucho más. Lo que no tomaron en cuenta son las características del terreno, fueron los 300 metros más largos. Unos sintieron que el corazón se les iba a salir, otros el frío calar por sus huesos, otros obnubilados de la vista, ni sintieron el camino.

Ah! y como dicen, “la moda no incomoda”, a 4500 metros de altura y con nieve encima, inició el desfile en la pasarela blanca, la colección de verano e invierno se hicieron presentes.

Finalmente llegamos al refugio, tomamos un pequeño descanso y directo a los glaciares. La fuerte nevada empezó a caer y vino la primera vez para muchos… ¡no mal pensados! El nevado nos regalo frías y suaves gotitas transparente que rozaban nuestros cuerpos con una blanca y experiencia.

A medio camino, nos encontramos con un zorro, al parecer pensaba que iba a tener comida para todo el año o a lo mejor estaba asustado y prefería no darnos las espaldas y vigilarnos muy detenidamente Mientras más avanzábamos la nevada se iba acompañando de una fuerte ventisca, era hora de acabar con esos agradables momentos, y decidimos descender y regresar el bus, la pendiente se transformo en una resbaladera que aligero nuestro paso.

Mientras tanto y casi sin percibir, el cielo se había despejado y el sol empezó a salir. Qué espectáculo más grandioso, el imponente Cotopaxi dejándose ver cubierto de hielo desde mucho mas abajo del reducto donde llegan los motorizados, hasta la cima, la primera ocasión que lo contemplamos en tal magnitud. Parte del descenso algunos optaron por hacerlo en bicicleta, será porque vieron como el bus resbaló por el camino cubierto por la nieve?, de cualquier forma, increíble también la adrenalina que te otorga un par de ruedas.

Al retorno y como ingresamos por la parte sur del Parque Nacional Cotopaxi, muy acertadamente decidimos emprender rumbo norte atravesando toda su magnitud, al costado derecho el Sincholagua, al izquierdo el Rumiñahui, frente a nosotros el Pasochoa y detrás, el cuello de luna (Cotopaxi en lengua ancestral) que se mostraba admirable. Después del control norte el camino conocido era rumbo a Machachi, pero el clima de días pasados había creado un par de ríos que no permitieron seguir por esa ruta, el otro lado, el no tan conocido salía a Sangolquí, apostamos por este y en un tramo “acortamos” camino uniéndonos por el otro y saliendo por Machachí. El conductor fue una victima más de las “mentiras blancas” a las que estamos acostumbrados, esta vez no fueron “dos horitas”, sino “por aquí es …”, pero como siempre, de que llegamos, todos llegamos . . .

¡Gran vivencia¡
¿Ustedes qué opinan ?

domingo, enero 22, 2006

“ L'endroit de l’amour ”, San Miguel de LOS BANCOS

Con un sol brillante y un cielo despejado iniciamos el viaje al lugar que habíamos seleccionado; San Miguel de los Bancos, un cantón ubicado al noroccidente de la provincia de Pichincha, a escasas dos horas de Quito.

A medio camino, afinamos las voces para dedicar “Las Mañanitas” a una de las integrantes del grupo debido a que estaba celebrando un aniversario más de su nacimiento. Minutos más tarde y continuando con la tradición coreamos el “happy birthday to you”, la homenajeada sopló las velitas, comimos pastel de cumpleaños (al menos hasta el cierre de la presente emisión no se reportaron intoxicados), y le dimos los correazos, que en realidad fueron sogazos. Para aquellos curiosos que desean saber ¿cuántos años cumplía?, se lo vamos a decir; al número de pasajeros sumen el número de velas y resten el número de hombres que había dentro del bus. ¿Calcularon?

Mientras esto transcurría, habíamos llegado a nuestro destino. En medio camino y como “cosa rara” nos indicaron que debíamos bajar del bus porque la travesía a pie comenzaría. Cruzamos por un terreno arcilloso, areno - movedizo hasta encontrar un sendero lodoso que deberíamos seguir, pa’ abajo. A lo mejor con unos cartones o unos esquís u otros materiales se hubiese suprimido los gritos al sentir la gravedad, de cualquier forma era una advertencia para los de atrás, quizá a la próxima improvisamos un “downhill” en coches de madera y así las rebautizábamos.

Lo sinuoso y agreste del camino estaría bien compensado con la vista que nos ofrecía, hacia abajo una muestra de nuestro verde país y sus ríos. Sus coloridas flores y los frondosos helechos. Con un poco más de atención, vimos a cientos, miles de trabajadoras hormigas llevando hojas, sacando tierra. Escuchamos el trinar de los pájaros que nos acompañaban. Algunos se deleitaron con el fruto de los árboles de limón-mandarina. Ah! y vimos un toro que mientras los demás ingerían sus alimentos, él no nos quitaba la mirada de encima.

Entre resbalones, remellones, moretones, risas llegamos a la parte superior de la Cascada de un afluente del Río Blanco de ahí se podía apreciar su hermosa caída. Y una especie de tobogán esculpido singularmente por el agua. Seguimos el sendero y llegamos ahora a la parte inferior de la misma en donde se la podría observar desde otro ángulo. Unos aprovecharon para tomar un baño con hidromasaje natural incluido, para descansar y comer algo y otros para demostrar sus habilidades en el hurto…

Después de unos minutos, seguimos el camino hasta encontrarnos con un puente de apariencia endeble, que puso a prueba el temple de muchas pero que nos permitiría atravesar el río Blanco y llegar hacia otra parada en la cual por antojos de la homenajeada, par contra impar se enfrentaron a zapato limpio, continuamos ya por un camino más accesible hasta donde sería la siguiente pausa, “La Cascada Sucia” también llamada por la gente San Migueleña “la del Amor”, debe ser porque en algo se relacionan ambos nombres, como que da para pensar ¿verdad?. Ahí nos esperaba su amplia piscina de agua transparente y la invitación a refrescarnos; mientras tanto los otros seguían con el robo…

Agotados y hambrientos, tomamos el bus que esperaba por nosotros y nos dirigimos al pueblo para almorzar e iniciar el retorno. Pero antes, aguardaba la última sorpresa para la cumpleañera, una piñata rellena de caramelos, serpentinas y todas aquellas cosas que fueron extraídas de sus dueños, con la venia de los organizadores, aclaramos. En cuanto las cosas empezaron a caer se vieron los rostros sorprendidos de unos, adultos y niños emocionados acaparando los caramelos, otros riendo por lo que veían a su alrededor.

Durante el regreso y al grito de “viva la cumpleañera” se encendió el baile hasta que poco a poco fueron tomando asiento y dejando descansar a su cuerpo, pues al siguiente día, la ajetreada semana iniciaría.

Gracias quedan por la compañía, por la ayuda, por los momentos compartidos y por sus ocurrencias. Como siempre llegamos con la emoción de un nuevo lugar y amigos conocidos.

domingo, diciembre 18, 2005

En la cima del Pasochoa
      Alemania 4 Ecuador DIEZ

Como si se tratase de la cita mundialista del próximo 2006 y con varios inconvenientes al inicio salimos desde la tribuna de los Shyris. Diez es un gran número si hablamos del rey de los deportes, no se diga de esta travesía, ni uno más ni uno menos. El clima nublado brindaba un refugio de la lluvia, que había rociado el páramo la noche anterior, además se convirtió en un inquietante preámbulo. Partiendo desde la altura precisa, por una entrada desapercibida para la mayoría, encontramos un camino de herradura, donde no tenían idea de contra que harían frente, me refiero al hecho del SPA, ¡si lo recuerdan!, en la ruta que se empinaba solo levemente, alguien comenzó a sentir los estragos de la altura versus la mala noche menos el estado físico mas el piso resbalo-lodoso mas las comida que pesaba y estorbaba, ¡linda ecuación!,
Nuestros antepasados con sabiduría milenaria usaban la coca para estos menesteres, ojo y no la hierba desahuciada por los gringos, sino la planta sagrada y ancestral que en esta ocasión en forma de té, traído directamente del Perú fue brindada, en verdad que pudimos ver la diferencia.
Mas allá un conejo silvestre nos cerraba el paso, quizá y nos daba la bienvenida al páramo ecuatorial, toda su quietud y el silencio que rodeaba el lugar nos adentraban en esa comunión que raras veces se logra con la naturaleza, a lo lejos cuatro alemanes como con dos montañas de ventaja avanzaban, pero la representación ecuatoriana no podía dejar que sean ellos quienes lleven la posta, en cuestión de un par de atajos les dimos alcance; los pasamos no sin antes decirles “nos vemos en Berlín”.
La promesa del guía había cambiado, las “dos horas” se reemplazaron por: “detrás de la alambrada descansamos”, claro que con la neblina que cubría y descubría a su antojo no hubo gran diferencia, por momentos el clima nos premiaba con vistas fastuosas, el té de coca en este punto adquirió algunos submarinos cortesía del menor del grupo, pero su formula, ni con esto fue despreciada. Alcanzamos respetable altura y ya era cuestión de rodear las montañas procurando subir de a poquito, a ratos nos aparecían las increíbles pendientes con lodo y todo que hacían más risible la marcha, un par de uñas largas se perdieron en el intento, la cueva augurada parece que se escondió esta ocasión, buena táctica en todo caso. Poco después la clase de escalada sobre la pared de roca de montaña tal y como nos lo habían prometido, siempre junto al alambrado que marcaba otro punto de descanso.Empezamos la cuesta, felinos agarrando las gradas naturales, se sentía la deleitable adrenalina de este deporte, ¡quien pudiera darle más tiempo! ; Por aquí la cuerda cumplió su función ya que antes resaltaba únicamente como una extraña bufanda, algo más de media hora tomo coronar la primera cumbre, allí los menores se sorteaban el chocolate apostado, los abrazos de felicitación llovieron entre todos, en ese momento el privilegio de tener un almuerzo en la cima, en el borde del precipicio, con nubes cercándonos, podía confundirse únicamente con la exquisita variedad que aparecía de cada mochila. Quien podría negar que ahí estuvo el SPA tan buscado.
“Solo necesito nueve voluntarios para ir al otro pico”, fueron las palabras que al inicio hicieron eco, pero que en cuestión de minutos nos encaminó hacia la otra cumbre, justo enfrente. Caminar por el filo del cráter sin duda una soberbia experiencia donde las fotos se volvían imprescindibles, a estas alturas trepábamos con habilidad inusitada, por lo que tomó poco tiempo atravesar la vegetación para llegar al segundo pico, no por esto menos difícil, los reales 4199 msnm. del ya memorable Pasochoa.De ahí el descenso se hizo intenso, la neblina llego pa’ cubrirnos, parecía ser que las nubes aterrizaron sobre el completo valle, el camino a pesar de ser mas plano, se complicaba de a poco, el silencio era roto por nuestros pasos y de vez en cuando los gritos: “Te toca llevar la mochila” y la algazara de alguien más, todos adquirimos cierta destreza con las patinadas y caídas, la bendita cerca de descanso no aparecía así que apostamos por la siguiente, los senderos se confundían y desaparecían por momentos, al encontrar la añorada alambrada comenzó la llovizna que no paro sino hasta cuando estuvimos en el bus, los ponchos de agua o las fundas de basura se convirtieron en un bien preciado, que importaba la apariencia fantasmagórica si solo nos faltaba llegar, la neblina se alió con la lluvia mojando rincones impensables, extraordinaria sensación de todos modos. Nada que con la calefacción en el bus de regreso no se pudiera dispersar.
En verdad una increíble jornada la que compartimos, solo nos queda decir que esperamos vernos en otra ocasión.

Agradecemos tu comentario.

sábado, noviembre 19, 2005

I n o l v i d a b l e OYACACHI . . .
Aunque con un poquito de retraso llegamos a Oyacachi, una comunidad indígena localizada dentro de la Reserva Ecológica Cayambe-Coca. Las termas habían sido el sitio planificado para acampar. Lo primero fue buscar un lugar, dentro, en donde armar el campamento la oscuridad puso un poco de dificultad a nuestros ingenieros en camping, pero nada que un par de linternas no puedan superar, mientras tanto una merienda se cocía en leña, claro en cuanto se la consiguió en el pueblo, puesto que “fraternalmente” había sido donada a otros grupos que ese día también tuvieron el mismo plan, ¡Bendita comida! y que sabor, devolvería a nuestro cuerpito latino el calor, aunque solo duró mientras estuvimos en el improvisado comedor.
Una vez llenitos y como a -5 grados de temperatura (al menos eso parecía), decidimos tomar un baño en la piscina que estaba a 45 grados centígrados, que sean las 11:00 pm no importaba. Qué delicia sentir que nos descongelábamos nuevamente. Claro que algunos decidieron efectuar la “piscinoterapia”, del agua cálida al helado río y al agua cálida otra vez.
Terapia para qué?, reumas, templar los nervios, mal de ojo, enderezada, abc, ¡no lo sé!, pero los avezados parecían salir curados. A lo mejor es para que a uno le quieran y eso fue lo que
les faltó a los vecinos colegiales, pero no para sentirse queridos, sino para que se les pase la borrachera abismal que con el sobrio pretexto de “unito pal frío” habían adquirido. Para tomar, ¡así, sino nada!”. ¿Ustedes qué opinan?.

Por una noche la luna fue nuestra electricidad,
el cielo y las estrellas el techo y las montañas las paredes. Por supuesto que no íbamos a dormir a la intemperie las carpas nos iban a proteger del viento helado, pero no de las risas, gritos, aullidos o ¿eran cantos? y los ronroneos (alto parlanticos) de los vecinos. Muchos nos arrepentimos de no llevar una “cobijita de dos orejas”. Dichosos los que durmieron.
Con una mañana un poco más calida, -3 grados y buen desayuno preparado por nuestros chefs, nos alistamos para la caminata de dos horitas (o ¿serían dos ciclos y aún no sabemos a cuanto está cada ciclo y por eso la confusión?) Estaba vez un guía Oyacacheño fruto de un proceso selectivo, que parece no tener exacta precisión de lo que es hora y media tomaría el mando, claro está, apoyado por los nativos hechos guías y de que forma se entregó al papel recuerdan: “en cinco salimos . . . ”, con todo y su ímpetu motivador, para mí que ese morocho que se pegó antes de comenzar la caminata es medio alucinógeno y le funciona como la coca en otras regiones.

Qué resistencia mis venados, mis cabras y demás apelativos que aparecieron en el transcurso. Que cientos de anécdotas me vienen a la cabeza como el diccionario ingles español que apareció en una mochila, ahora se me ocurre que esperaban encontrarse con un venado que ande a cargar un diccionario venado-ingles, para comunicarse o quizá pedirle el mail, o la expresión de desencanto de todos cuando detrás del cerrito señalado por el guía como sitio de la laguna, solo encontramos una planicie y al fondo otro cerro, o cuando comenzó a escasear el agua, o los reparadores chochos con tostado, tantas y tantas otras que mejor te invito a escribir la tuya en los comentarios.

A que no se imaginaban que éramos capace
s de algo como eso, alrededor de 5 horas de caminata solo de ida, más 3 de regreso, en donde vimos varias cascadas entre ellas la de Molipungo, conejitos silvestres que a lo mejor “estaban enojados y estaban escondidos”, la inmensidad de las montañas, el páramo y finalmente la ambicionada laguna de “Sucuscocha”.

Aaaaaay! Si aun me duele cuando lo recuerdo o me río, además desde acá les escucho, tranquilos
que no les niego que a ratos fue difícil y que sin la ayuda de los caballeros algunas damitas sucumbían en el intento, pero ahora que estamos en nuestra ciudad no piensan, ¡lo logré!, ¡que cuerpo más atlético que he tenido y yo sin saberlo!, ¡esperameeeee Ivan Vallejo!. En fin, otro ingrediente malo o bueno, pero parte del paseo y una experiencia más qué contar.
Bueno, como dicen por ahí, “la foto recuerda lo que la mente olvida”, posiblemente por el cansancio no disfrutamos del paisaje, pero aquí tienen unas fotos para que traigan a su memoria lo vivido esta vez, “en cinco salimos . . .” .

domingo, octubre 23, 2005

MINDO NOS ACOGIO CON SU CALIDEZ

Con una mañana lluviosa y fría pero que no aplacó nuestro ánimo, emprendimos el viaje. Los rostros nuevos y hasta un representante del futuro ecuatoriano fueron acogidos.

Durante unos pocos minutos hicimos parada técnica: (baño) en Nanegalito, un pueblito a 56 Km. de Quito. Continuamos y aproximadamente media hora después arribamos a Mindo ese mini – paraíso prácticamente enclavado en la boca occidental del Guagua Pichincha, grata fue la sorpresa, ¡el clima estaba a nuestro favor! Tomamos unos minutos para prepararnos física (ropa de colores, repelente, pantalones cortos etc.) y psicológicamente e iniciamos la caminata. Al inicio pasaban autos con decenas y decenas de personas. ¡No pueden negarlo! a algunos les invadió la tentación de “halar dedo” y evitar el esfuerzo, pero como en cada recorrido, sabemos que tenemos que hacerlo por nuestros propios medios, además ¿quién adivina con que atajo va a salir el guía?.

Hemos visto que paseo sin riesgos, ¡no es paseo!, así que unánimemente se decidió, con el respeto de los dueños pero sin su consentimiento, pasar por una hacienda que acortaba el trayecto. Vigilada como estaba, se percibía en una microscópica parte las pericias de los coyoteros y sus ilegales, el silencio se hizo cómplice hasta buena parte del sendero que lo atravesamos, la cola multicolor que se formaba se confundía con la vegetación, hasta que finalmente llegamos al Río y la Cascada de Nambillo, donde un chapuzón se hizo justo y necesario. Un pequeño puente tambaleante nos invitaba a cruzar hacia la mitad. Nuevamente podían demostrar las habilidades para el clavado, la diferencia es que el salto sería desde los tres y medio metros y los más osados escogerían los doce metros, muchos fueron los llamados y varios los decididos.

De retorno y por otra ruta, fue necesario utilizar la “doble tracción” porque no me van a negar que después de estos viajes vamos a quedar “todo terreno”. En primer lugar el ascenso, interminables gradas ponían a trabajar nuestro corazón a mil por hora. ¿Alguien se dio la molestia de contar cuántos escalones había?

Y como todo lo que sube tiene que bajar, esta vez, sujetándonos de todo tronco, de árbol que se nos cruzaba descendimos hasta una peña en donde era necesario utilizar una cuerda para bajarla. Remellones, miedo, risa y demás sensaciones se hicieron presentes. Por cierto, ¿notaron como el guía nativo descendía por la montaña? (¡ojo que digo el nativo, no que el que ha ido con nosotros anteriormente!, aunque también tiene lo suyo). Bajaba “como Pedro por su casa”. La selva de asfalto es la que vuelve rutinarios nuestros pasos. Una vez que todos llegamos, cruzamos en una pequeña, pero muy minúscula tarabita, rustica como ella sola, pero que evitaría mojarnos al cruzar el río, pero, ¡no grossoerror!, el Río Mindo no quería que nos vayamos sin antes bañarnos con su agua y qué mejor que a través del “boying”. Cuatro grupos emprendieron la travesía y gritos invadieron el lugar, la duda persiste ¿era por el frío del agua? o ¿por qué?

Por fin llegó la hora del almuerzo, con sabor a merienda, un poco incomible, por lo caliente, pero sació el hambre de todos. Por primera vez una leve tranquilidad acompañaba el retorno, ¿será que nuestra inquietosa se durmió?, ¡perdón!, ¿será que se durmió nuestra inquietosa curiosidad por descubrir nuevos lugares de nuestro querido Ecuador?, seguro que sí después de tan ajetreado día, pero que recobrará fuerzas para la siguiente ocasión, no lo dudamos.

Grato el lugar, el grupo, el clima y todo lo que se arrejunto para el deleite de todos.

domingo, septiembre 18, 2005


LAS CASCADAS DEL MOLINUCO

Domingo 18 de Septiembre 7 AM, “Maratón Metro Hoy" por comenzar y cientos de chapas ruteandola, calles y calles cerradas serían el preámbulo de una serie de retos que nuestros caminantes deberían sortear.
Una vez que logramos salir de la de la ciudad, nos dirigimos rumbo a Sangolquí, uno de nuestros hermosos valles a tan solo 30 minutos de Quito, de pronto, por un camino que muchos no supieron cuando cambió ¿Será acaso que seguían dormidos?, el paisaje mostraba su encanto. Nos detuvimos en el lugar que sería el punto de partida: Loreto.

Cada uno recibió su provisión alimenticia y antes de perder la compostura se efectuó la sesión fotográfica que daba paso al recorrido hacia la Cascada del Río Pita, nuestro objetivo final.
En el camino encontramos nuestro segundo obstáculo, una pequeña quebrada nos impedía continuar con la caminata. Dos buenos hombres ayudaron a tender una cuerda por cada extremo de un canal de agua que lo utilizaríamos para otros fines, pero solo hasta el final nos enteramos que la cuerda servia como guía y no como un elemento de socorro. Nuestra primera voluntaria decidió: “al mal paso darle prisa”, pero en medio cruce recordó los beneficios que tienen para la piel los baños de lodo y se sumergió antes de que a alguien más se le ocurra.
Este suceso activo la imaginación de todos porque presenciamos entonces las mil y un formas de cruzar: el estilo “cabalgata”, el “yo si traje sandalias”, “descalza es mejor”, “juntitos de la mano” y los malabaristas.

Una vez que todos llegamos al otro lado, continuamos con el recorrido hasta la denominada “Cascada Seca”. ¿Aun no imagino lo grande que debió ser cuando entonces no era presa de nuestro destructivo desarrollo?

Aproximadamente, después de dos horas desde que iniciamos la travesía, llegamos a la Hacienda “El Molinuco”. Descargado parte del equipaje seguimos caminando, en bajadita, hasta un estanque al que parece que San Pedro olvidó prenderle el calefactor, sorry por el pensamiento citadino, pero es que. ¡Qué agua tan fría! exclamábamos algunos, mientras otros esperaban su turno para demostrar sus habilidades en el arte del clavado. Refrescaditos, continuamos y nos detuvimos en la primera chorrera para que el recuerdo quede plasmado en imágenes, otra cascada más, la de Las Niñas y finalmente llegamos a la otrora “Cascada del río Pita”.
Un nuevo obstáculo, al llegar, había que cruzar el Río sobre unos troncos, otros decidieron mojarse nuevamente. ¿Si se preguntan, para qué cruzamos?, pues no lo sé, porque apenas llegamos al otro lado, regresamos a la orilla, ah!, ya lo recuerdo teníamos que aclimatizarnos en algo, porque esta vez íbamos a cruzar la cascada por detrás.

Qué sensación tan increíble, sentir las gotas de agua caer sobre nosotros, el viento producto de esta, cortaba la respiración más el frío que nos contoneaba a manera de bienvenida!

Después de todas estas experiencias era justo y necesario que en la Hacienda nos esperen con una deliciosa comida, claro que un poquito demorada para algunos, pero bien dicen, que “barriga llena, corazón contento”. Para aquellos que no sabían qué bebida nos habían dado, pues les comunicamos que era un revitalizante y ¡vaya que funcionó!. De regreso a casa, al igual que la vez anterior, se afinaron las voces, ¿será acaso que queremos protagonizar la siguiente parte de la película “los coristas”?. De pronto, un improvisado striptease dio paso al baile, ¡quién diría! y ¡quién nos viera!, fue claro que no se cansaron de caminar por casi cinco horas, en el corredor del bus sacaron su sazón personal al ritmo que les venia, recuerdo las miradas atónitas de la gente en otros automotores, ¡azzzuúcaaar!.

Felizmente, llegamos todos, agotados pero contentos y preguntándonos, ¿la siguiente vez qué nuevo lugar conoceremos? y ¿nuevas experiencias viviremos?. Si son como éstas, que vengan muchas más.

domingo, agosto 28, 2005

SU PRIMER VIAJE, MOJANDA
En primer lugar debemos agradecer a San Pedro por su respuesta favorable a cada mail de los involucrados en este “caminati – sidio”, porque sin lugar a dudas nos favoreció con un día sensacional, sensacional en todos los sentidos.

Vamos a recordar algo de nuestro viaje, se vio que para un gran porcentaje fue uno de sus primeros contactos con la naturaleza, a ese nivel, ¡claro esta!. Incluso a la espectacular y agreste Caricocha (Laguna Grande), la rebautizaron como LAGUNA DE LOS LAMENTOS, ¡Qué no les oigan nuestros antepasados!, o ¿acaso sufren de amnesia selectiva?, porque todo el camino subían diciendo - ¿y por qué vinimos por acá?, ¿dónde está el camino ? y si regresamos en el tractor ? , ¿Cuánto faltaaaa?.

El tiempo se les hizo interminable, 75 minutos con alma de décadas, el viento sumado a sus 3700msnm causa espejismos al inicio, no se preocupen. Llegando a la segunda laguna, la Yanacocha (Laguna Negra) fue lindo recordar juegos de antaño y sacar al ser de bastas rasgadas y cara sucia que llevamos dentro, claro que en verdad, lo que sacamos es el estrés que llevamos a cuestas, pero ¿cómo no sacarlo? con tan bellas imágenes abrumando nuestros ojos. Y a las pruebas me remito.
Continuando con los pasos, si el ascenso pareció difícil, imaginense su descenso, sentados casi de espaldas, pero bajando, rodando o resbalando pero avanzando. Como ya es costumbre fuimos y llegamos todos y completitos, la camara y un par de morados no cuentan. El descenso fue el momento exacto para contemplar el agua cristalina de la Laguna Grande, el verdor con la grandeza de las montañas rodeandola (Fuya Fuya, Colongal, Yanaurcu) y ese otro azul que nos cubría, esto que por favor nos escuchen los de antes, los de siempre mejor dicho.

El retorno llegó. Las barreras rotas en la ruta permitieron el surgimiento de "cantantes que no cantaban todas las canciones", ni siquiera importaba si lo haciamos bien, pero pudimos sentir que éramos un grupo de amigos, ¡expectativa cumplida!. La paradita por Cayambe para comprar los lúgubres bizcochos junto al cementerio quien sabe que le da el sabor ¿lo han pensado? mas el infaltable queso, vino como complemento, pero lo que si nos cayó fue la noche.

Finalmente fue un grupo esplendido un poco falto de ejercicio ¡quizá! pero de buena madera y con la satisfacción de haberlo hecho y no solo de escucharlo, ¡abismal diferencia!, las maravillosas imágenes en nuestras mentes, paisajes que nos regala la naturaleza requieren un poquitin de esfuerzo: ¡A que se animan a volver hacerlo!, ¡ A que si lo hacemos más pronto de lo que parece !